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Lobezno: Las garras de la Fox se vuelven romas.


Un sobresaliente para la 20th Century FOX en marketing y un "sufi" raspado en labor cinematográfica.


Habría de comenzar diciendo que en sumatorio no he salido desencantado de la sala en esta ocasión, pero está claro que X-Men Orígenes: Lobezno (X-men Origins: Wolverine - Gavin Hood 2009) no ha alcanzado las cotas de calidad de las que podría haber hecho gala. 

Alertados estábamos, es cierto. Primero, la intuición de un pseudo-friki te hace temerte lo peor ante una película coral que, siendo una precuela centrada en contar los orígenes de un personaje, trata de convertirse en un film coral que se plantea integrar de mala manera y como si de una partida de Tetris mal jugada se tratase a docenas de mutantes a los cuales se les podía haber sacado muchísimo más partido. Segundo, la tormentosa aventura (o desventura) que a más de un ejecutivo de la Fox habrá traído de cabeza tras la pérdida de la famosa workprint de "origins" y su posterior exposición en la red ya permitió el surgimiento de gran diversidad de críticas poco halagüeñas que nos hacían temernos lo peor, pero cmo en el caso de Dragon Ball ahí estuvimos, no les creímos, quisimos ver el daño causado con nuestros propios ojos albergando siempre un halo de esperanza... y nos volvieron a defraudar, no en el modo en que lo hizo el hijo de Toriyama, pero lo lograron (aún no te libras Gavin Hood).

Volviendo al primer punto, ahí estaban, La Mole, Wraith, Masacre, Gámbito, Silverfox, personajes muy queridos además por los aficionados al cómic en general y los seguidores marvelitas y mutantes en particular. ¿Qué ha ocurrido? ¿Qué pasaba por las mentes de los señores Benioff y Woods, guionistas de la obra en cuestión? ¿Dónde está el Logan al que todos conocemos y que todos añoramos? ¿y el James Howlett y su amigo Perro Logan que Jemas, Quesada, Jenkins, Kubert e Isanove nos brindaron? El brillante comienzo del film roza la superficie de esa espléndida y reveladora obra en seis partes que fue "Wolverine Origin" y claro, uno (y más de uno) conocedor del relato, se queda con ganas de más y disfruta y sabe reconocer lo bueno.

Y es que, tras los créditos iniciales, que nos relatan la vida de un Victor Creed y un Logan atormentados acercándose al preciosismo fotográfico la historia comienza a pegar tumbos. No sabemos en qué época nos movemos, el tiempo pasa sin ton ni son, los personajes tienen sus cinco minutos repartidos de gloria y las personalidades quedan reflejadas de un modo totalmente lineal y plano. Suerte que el carisma de Jackman y Schreiber salvan la situación haciéndonos creíble el conflicto entre sus dos personajes, al menos hasta cierto punto de la historia.

Más allá de eso, tenemos una aventura mal construida de huída y venganza que a parte de un par de escenas impacatantes queda en agua de borrajas y trata de encauzar su final a convertirse en el primer eslabón de una tetralogía, pero todo ello llevado a cabo del modo más sintético, poco fiel al original y poco creativo posible.  

No miento, no he salido desencantado de la sala, el resultado ha sido mejor que el esperado y la sensación y el sabor mucho mejor si cabe que los que dejó el último ¿blockbuster? de la casa brindado por el señor James Wong, pero X-men Orígenes: Wolverine no es una buena película. Es cine palomitero, entretenido y poco más (que podía haber sido peor). Eso sí, bravo por la 20th Century Fox y sus labores de marketing que siempre nos hacen desear ver un film y necesitarlo hasta la extenuación, ahí cumplen y sobresalen (y sino, ojo a las taquillas en este primer fin de semana), pero en cuanto a la labor cinematográfica... ¿Dónde quedaron los tiempos de Bryan Singer y sus mutantes?

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